Perico

2010 -
2026

Mi mujer se vino con “el Perico” a Mallorca desde Córdoba, claro que por aquél entonces no estábamos casadas. Me llegaron dos grandes amores, uno de dos y otro de tres patas, a Perico le faltaba una, y como fue adoptado nunca llegamos a saber qué fue lo que le pasó. Venía de un señor que al fallecer, la familia no quiso hacerse cargo. Y así fue como la vida nos dio a este compañero, tan noble, tan fiel y tan hambriento siempre. De hecho, teníamos la certeza de que el día que “el Perico no quisiera comer, algo sería le rondaría”.

La gran fortuna que tuvimos, fue compartir no sólo tiempo, sino grandes experiencias juntos. Viajamos en bicicleta, en moto, en coche, en barco y en tren. Perico formaba parte de nuestro día a día, en el trabajo, en la oficina, en las escapadas y viajes. Alguna vez se quedaba en casa de nuestros padres, y aguardo esas celebraciones de reencuentro. Esas miradas cuando abríamos la puerta de casa y saber que se venía con nosotras. De pedir que le abriéramos la puerta de casa para salir a mear al jardín, de pedir de comer… y pedir otra vez de comer.

Se fue mayor, 16 años. Aunque nosotras lo veíamos como un misterioso caso de Benjamin Button, a más viejo, más cachorro nos parecía. Pudimos acompañarlo en sus últimos días. Y haciéndonos a la idea, sentía para mis adentros que estaría ahí para cuando él decidiera partir de este plano. Una suerte que no tuve con otras mascotas de la familia, que por una u otra enfermedad partieron antes de tiempo. Y es que nunca hay tiempo para despedirte. Se abre una brecha, y dejas de percibir los días y sólo miras recuerdos. Los ojos se llenan de experiencias compartidas.

Te amamos Perico, siempre en nuestros corazones.