Han tenido que pasar casi tres meses para que por fin haya sido capaz de escribir esto. Y aun así, me sigue doliendo el corazón. Te echo de menos igual que el primer día.
La primera vez que te vi fue el 26 de abril de 2016, en Son Reus. En realidad había ido a ver a otro bóxer para Fosca. Pero entonces te vi a ti. Estabas en tu rincón, sin hacerme ni caso, disfrutando tranquilamente del sol. Al cabo de un rato te levantaste y viniste hasta la verja. Te grabé un vídeo y, de repente, apoyaste una pata sobre mi mano… y luego la otra. Perdiste el equilibrio y te caíste hacia atrás. En ese mismo instante supe que tú eras mi perro.
Desde aquel día pasé horas y horas contigo, todos los días. Solo quería estar a tu lado, conocerte y disfrutar de cada momento. Muchas veces también llevaba a Fosca para que os fuerais conociendo.
Y por fin llegó el 19 de mayo de 2016, el día en que me concedieron la licencia y pude llevarte conmigo. A tu nuevo hogar. A tu nueva vida.
Letizia ya te estaba esperando en la entrada, pero tú le tenías miedo. Entraste en casa con muchísima inseguridad, casi sin querer. Pero en cuanto viste a Fosca, todo cambió. Nunca olvidaré ese momento.
Contigo viví algunos de los momentos más felices de mi vida. Pero también lloré sangre y lágrimas. Al principio no fuiste un perro fácil. Me hiciste sudar sangre. Fueron muchas horas de trabajo, de paciencia, de dudas y de esfuerzo. Pero hoy solo puedo darte las gracias. Porque gracias a ti aprendí muchísimo. Me enseñaste lo que significan la paciencia, la confianza y el amor incondicional. Gracias a ti también conocí a personas maravillosas que, de no haber sido por ti, nunca habrían formado parte de mi vida.
Fuiste mucho más que un perro. Fuiste mi mejor amigo, mi compañero de vida y mi perro del alma. Una parte de mí se fue contigo el día que te marchaste.
Espero que allí donde estés ya no exista el dolor. Que seas feliz. Que recibas todas las caricias que tanto te gustaban, que nunca te falte tu pelota favorita y que haya un lago o un mar enorme donde puedas nadar todo lo que quieras.
Me gusta pensar que ahora vuelves a estar junto a Fosca, Chloe, Muffin y todos esos compañeros que te acompañaron durante tu vida. Ojalá estéis corriendo juntos otra vez, libres, felices y sin sufrimiento.
Siempre tendrás un lugar que nadie podrá ocupar en mi vida y en mi corazón. Ese sitio será siempre tuyo. Porque hay amores que nunca se terminan, aunque ya no podamos verlos ni abrazarlos.
Gracias por elegirme. Gracias por todo lo que me enseñaste. Gracias por cada mirada, cada paseo, cada locura y cada instante a tu lado.
Te quiero muchísimo y te echaré de menos todos los días de mi vida.
Con todo mi amor,
Germaine

