Para París, mi niña, mi compañera, mi amor de cuatro patitas.
No sé cómo se escribe una despedida para alguien que ha sido parte de mi vida, de mi hogar y de mi corazón.
Llegaste a mi vida sin saber todo el amor que ibas a dejar en ella. Fuiste compañía en los días buenos, consuelo en los días difíciles y una presencia que hacía que todo pareciera mucho mejor.
Hoy me toca decirte adiós, aunque una parte de mí todavía espera verte aparecer, escuchar tus pasos o sentirte cerca.
Gracias, París, por cada mirada, cada gesto, cada momento y por todo ese amor que me diste sin pedir nada a cambio. Me enseñaste que el amor más puro también puede tener cuatro patitas y una mirada capaz de decirlo todo.
Te voy a echar de menos todos los días. Pero quiero pensar que, allá donde estés, estás tranquila, sin dolor y rodeada de todo el amor que tú nos diste.
No es un adiós para siempre, mi París.
Es un “hasta que volvamos a encontrarnos”.
Te quiero y te querré siempre.
Ana ❤️🐾

